
Mito 1: “Yo no puedo dar dar de comer al nene, porque no tengo suficiente leche”
Realidad: Es muy raro que una mujer no tenga la capacidad de producir leche o que produzca menos de la que el bebé necesita. Hay que tener en cuenta que es el bebé el que controla la cantidad de leche que produce la madre. Es decir, mientras mayor sea la succión por parte del bebé, mayor será la producción de leche. Está demostrado que la frecuencia de las tomas está en directa relación con la producción de leche materna, por lo tanto, si una madre tiene poca leche, la primera indicación médica va a ser aumentar la frecuencia de las tomas. Sin embargo, cabe destacar que la ansiedad de la madre y otros aspectos emocionales relacionados con la depresión post parto puede influir en la baja producción de leche; La madre debe estar tranquila tanto física como emocionalmente para que exista una sincronía en la interacción con el bebé durante la lactancia.
Mito 2: “La calidad de mi leche es mala, por eso mi bebé no está engordando”
Realidad: La leche producida por la madre es de óptima calidad para el bebé. Diversos estudios internacionales muestran que incluso las mujeres desnutridas son capaces de producir leche de suficiente calidad y cantidad para suplir las necesidades del bebé. En la gran mayoría de los casos, el escaso peso se debe al consumo insuficiente de leche materna o a un problema orgánico del niño.
Mito 3: “Si es el bebé está durmiendo, nunca debo despertarlo para alimentarlo”
Realidad: Aunque en la mayoría de los casos los bebés se expresan cuando tienen hambre, hay algunos recién nacidos que no se despiertan con la frecuencia requerida en el primer tiempo. La idea es que en un comienzo los bebés tomen al menos ocho veces cada 24 horas. Hay bebés que no despiertan porque son mejores para dormir, otros porque usan chupete o simplemente porque la madre está tomando algún medicamento. Si desde un comienzo el bebé pasa la noche de largo, eso no significa que no haya que despertarlo. Si el bebé no está engordando lo suficiente, es clave despertarlo de todas maneras para darle alimento. En condiciones normales, también es aconsejable despertar al bebé para que no se salte tomas.
Mitos 4: “Amamantar al bebé cada 4 horas es mucho mejor que la libre demanda”
Realidad: Muchas madres creen que para evitar maleducar a sus bebés, deben crearles un horario ordenado para la lactancia desde el primer día. Sin embargo, no se dan cuenta que están perjudicando la lactancia, al interferir de manera artificial con la adecuada bajada de la leche y con cambios en la dinámica de alerta y de sueño del bebé. Diversos estudios han demostrado que las madres que eligen dar libre demanda tienen mayor cantidad de leche, comparadas con las que establecen un horario fijo para las tomas en el primer mes.
Mito 5: “No puedo dar leche, porque no tengo un buen pezón”
Realidad: La forma de los pezones en general no debiera ser un impedimento para la lactancia materna. Sin embargo, existen algunos casos, como los pezones umbilicados o extremadamente grandes que pueden causar ciertas dificultades para el bebé en un comienzo. Ante este tipo de situaciones se recomienda que la madre recurra a la ayuda de un especialista para solucionar este tema a la brevedad.
Mito 6: “Si mi bebé no sube de peso con mi leche, debo recurrir de inmediato a darle formula”
Realidad: Cuando el bebé no está subiendo de peso como debiera, la frecuencia de las tomas debiera aumentar. Hay que tener en cuenta que puede haber períodos en que la madre tiene menos leche que en otros, pero lo importante es perseverar para superar lo que probablemente no es más que una crisis transitoria. Con una buena asesoría, es casi seguro que se pueda recuperar una buena lactancia. Sin embargo, hay casos en los que se requiere una alimentación mixta no se trata de que se vete esta forma de alimentación, sino que se evite en lo posible la sustitución de la lactancia materna.
Mito 7: “Debo distanciar las tomas para que se me alcancen a llenar mis pechos”
Realidad: Esta afirmación no tiene ningún sentido, porque los pechos funcionan como depósitos de reserva. Mientras más vacío esté el pecho, más rápido va a trabajar el organismo para producir mayor cantidad de leche. En cambio, cuando el pecho está más lleno, el cuerpo tenderá a producir una menor cantidad. Por lo tanto, una madre que espera que se le llenen los pechos antes de amamantar a su bebé, está dando una señal a su cuerpo que la producción de leche es muy elevada, por lo que tenderá a disminuir su producción. Al contrario de lo que muchas mamás piensan, el hecho de amamantar frecuentemente no reduce la producción de leche. La cantidad de leche que ellas producen llega al óptimo cuando las madres tienen un sistema de libre demanda con sus bebés y permiten que éstos tomen tantas veces como lo necesiten.
