
El sistema digestivo, desde la ingestión hasta la eliminación de los residuos, necesita, para un mejor funcionamiento, un descanso periódico y así recuperar su capacidad y vigor.
En una sociedad donde las costumbres alimenticias obligan al sistema digestivo a esforzarse excesivamente, por la calidad y la cantidad de alimento, así como el tiempo disponible para ingerirlo, se hace necesaria una disciplina en los hábitos alimenticios que ayude a mantener el sistema digestivo en buenas condiciones.
Un descanso merecido para el sistema digestivo proporciona una limpieza óptima además de evitar un deterioro prematuro. Los detalles de su ejecución dependen de las características individuales o las circunstancias específicas. El ayuno puede ser total o parcial. La frecuencia con que se debe practicar el ayuno varía según la condición individual, la necesidad y la factibilidad.
Hay personas que deben ayunar semanal o quincenalmente. Por ejemplo, las personas que sufren de mala digestión, al hacer uno o dos días de ayuno orientado tienen la tendencia a mejorar rápidamente su condición física y mental. En las personas con problemas pancreáticos (diabéticos) se lograría la recuperación de esas glándulas especiales. Para personas sanas o aparentemente de buena salud, es recomendable un ayuno quincenal. En caso de sentir malestar digestivo, es preferible practicar ayunos semanales. Para ello se recomienda escoger el día de la semana en que nació, como día de ayuno; de esta forma se descansa el sistema digestivo y se puede trabajar perfectamente. Deben mantenerse todas las demás actividades como si fuera un día cualquiera, salvo en la alimentación.
Las mujeres embarazadas necesitan una alimentación y ventilación sanas y por ello no deben ayunar ni retener la ventilación. Una vez escogido el día, supongamos que cae en domingo, se procede a programar su dieta de la manera siguiente:
La cena del sábado previo al día de ayuno se hace sin exageración; es decir, no se debe comer para recompensar el día siguiente. Si sufre de estreñimiento, tomar un laxante efectivo y preferiblemente natural, como por ejemplo una cantidad limitada de aceite de ricino, en la noche del sábado, para que el día domingo amanezca con una o dos diarreas que limpien el tracto digestivo. No será necesario laxarse si se tiene el hábito de evacuar diariamente sin esfuerzo adicional. Los ayunos pueden practicarse en cualquiera de las formas indicadas a continuación:
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Sin ingerir ningún tipo de alimento desde la noche del sábado hasta el desayuno del lunes.
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Ingerir sólo el agua (natural o agua de coco tierno) o jugos naturales, para que el cuerpo tenga suministro de líquidos y no sufra deshidratación.
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Ingerir caldos de sopas o cremas de verduras, una vez durante el día correspondiente al almuerzo, mientras que el resto del día tomar sólo agua y líquidos como en el punto anterior.
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Ingerir alimentos suaves y bien cocidos durante el almuerzo y tomar jugo dos veces (desayuno y cena).
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Ingerir frutas y líquidos durante el día (tres veces) cuando se sienta hambre (en vez de desayuno, almuerzo y cena).
Al día siguiente después de ayunar, es decir, el lunes, durante el desayuno es indispensable la inclusión de algún cereal bien cocido en su menú. Este desayuno puede incluir carbohidratos (arepas, pan integral, jojoto de maíz, casabe, chicha, etc.), jugos naturales, avena, leche, frutas, etc., según la disponibilidad y posibilidad. Lo importante es que se coma sustancialmente con fécula para suministrar suficiente energía al organismo. El almuerzo puede ser normal o si prefiere, puede disminuir los platos. La cena, como siempre, debe ser liviana.
